Desmantelando la historia

En el 2008 fue declarado Patrimonio Cultural por el Ministerio de Cultura

La comandancia en ruinas – Foto: César A. Masías.

  • La comandancia, la iglesia, el casino o el cinema son algunos de los locales que dieron vida a lo que fue el campamento de los trabajadores de la Lobitos Oilfield. Edificios que dotaron de una peculiar identidad al Lobitos de aquel entonces. Hoy queda poco o nada de aquellas estructuras, y las que aún se mantienen pese al tiempo son causa de un interminable enfrentamiento movido por intereses particulares
 
En el presente año se cumplirá medio siglo de la ocupación por parte del Ejército Peruano del conjunto de viviendas que pertenecieron a la compañía inglesa Lobitos Oilfield Limited. De la esplendorosa Villa Petrolera del distrito talareño de Lobitos no queda casi nada. Las pocas casas son rentadas y subrentadas a la vez, la Municipalidad no hace lo suficiente para establecer orden, el Ministerio de Cultura ha realizado hasta lo que ha podido, al parecer sin lograr mucho, y la Primera Brigada de Caballería del Ejército aparentemente no se interesa por preservar lo que en el 2008 fue declarado Patrimonio Cultural.
Inicios del siglo XX, el boom de la exploración petrolera por la zona norte del Perú recién empezaba. La primera empresa en llegar fue Lobitos Oilfield, luego la International Petroleum Company (Ipeco) y tanto aumentó el número de sus trabajadores que se necesitó construir un lugar para albergarles. Es así que se edificaron oficinas, una iglesia, almacenes, viviendas y lugares públicos de distracción, como uno de los primeros cines que funcionó en esta parte de Sudamérica, según lo menciona el exdirigente del Gremio de Pescadores Artesanales de Lobitos, Tulio Chapilliquén, que por esa época cumplía con el servicio militar.

 
Para su construcción se trajo gran número de piezas prefabricadas de la mejor madera de ese tiempo, el pino Oregón, y hierro para las bases. Materiales que en los últimos años han sido el objetivo de personas con malas costumbres que han usurpado, llevados más por el valor económico que por el valor cultural que estas edificaciones aportan a la sociedad lobiteña y que bien se pueden utilizar para atraer más turistas a la zona.
 
No cabe duda que hay intereses particulares que priman por sobre el interés que deberían presentar las entidades a las que les compete su conservación y que producen interminables conflictos. Organismos públicos como la Municipalidad Distrital de Lobitos, que en palabras de Rafael Sime, representante de la Dirección Regional de Cultura, “las autoridades municipales deberían asumir un rol más protagónico en el cuidado o puesta en valor. Son ellos los llamados a salir al frente de éstos valores patrimoniales”.
Por su parte, el jefe de la Unidad Jurídica del Municipio lobiteño, Luis Moisés Núñez  Espinoza, sostiene que el Municipio para el que trabaja realiza por periodos trabajos de mantenimiento a la Iglesia del lugar, puesto que es casi el único local al que pueden acceder. Y es que “desde 1963 la Octava Compañía Militar tomó la administración del campamento por concesión”, aseveró Núñez.

 
Así mismo, resaltó la idea que la entidad edil ya ha querido obtener la administración para desarrollar proyectos de atracción turística. Uno de esos proyectos consistía, según Luis Núñez, en utilizar las instalaciones de la casona (antigua casona del General, encargado del destacamiento militar) para que el artista Víctor Delfín exhibiera sus esculturas, ello a mediados del 2011.
 
En la actualidad, la casona es utilizada como hospedaje para los jóvenes que practican el deporte del surf, que atraídos por las famosas olas de Lobitos llegan hasta el lugar. El interior del albergue está limpio y ordenado, los inquilinos se rigen a un reglamento para mantener la discreción y tranquilidad que demanda el sitio. Al parecer los ‘coloraos’, como son llamados por los lugareños, no pretenden adueñarse, ellos están de paso y solo siguen la onda marina, cooperando de alguna manera a la conservación de la otrora Casona del General.
 
Pero la casona no es el único albergue que existe en lo que hasta hace unos años era un campamento militar, pues algunos vecinos y surfistas que ocupan actualmente las casas también brindan servicio de hospedaje. Entre éstos vecinos se encuentra Juan Carlos Rivera, actual presidente de la Junta del Vecindario de la Villa Militar de Lobitos (VML), que aunque no renta habitaciones suele llegar hasta la casa que ocupa en el balneario cada fin de semana. “Vivo doce años aquí y es un pueblo que significa mucho para mí”, dijo Rivera. El significado que tiene Lobitos para él y para muchos otros que lo habitan hace que se organicen y hagan todo posible para conservar el ornato y la apariencia de aquella época. Cada quien en la casa que ocupa, porque no son propietarios.
Sin embargo, existen personas que se oponen a que las instalaciones sigan ocupadas por familias, pero sobretodo, que se lucre con la subrenta de habitaciones. Tal oposición se comprobó con el reportaje televisivo transmitido en Frecuencia Latina que hizo pública la denuncia por parte de la Comisión de la VML, en el que afirmaron estar a punto de desalojados por representantes del Ejército. Así como también el uso lucrativo de la madera sustraída indebidamente de lo que alguna vez fue el casino.

 
Aquella vez no ha sido la única oportunidad que se ha dado la voz de alarma y se ha pedido prestar mayor atención al excampamento petrolero de la Lobitos Oilfield. Después de la denuncia, personas civiles, como Rivera, han acudido a los medios para alertar que la sustracción de madera ha seguido, a tal punto que en los primeros días de enero se terminó de desplomar el edificio conocido como La comandancia, que forma parte de las veintiún edificaciones del patrimonio, según Abraham Alegre, arquitecto del Ministerio de Cultura.
 
Pata Rivera no solo se debería considerar patriomonio solo a 21 casas, sino a las más de 100 que aún se conservan y que son ocupadas por familias provenientes de otros sitios, como Piura, Chiclayo o Lima. Cabe preguntarse si luego de los enfrentamientos con algunos mandos del Ejército todavía se paga un alquiler, o qué tan fácil es poder rentar una de esas casonas.
La congresista de la bancada fujimorista, Karla Schaefer, sostiene que para su familia no fue nada fácil. “Mi esposo tuvo que insistir por mucho tiempo para que un representante militar accediera a alquilarle la casa que ocupamos actualmente”, afirmó. Respecto al pago, precisó que existe una cuenta en el Banco de la Nación en la que cada mes deposita una cantidad que no recordaba de cuánto es, pero que una fuente municipal mencionó que a lo mucho es de 90 soles y que depende de cierto modo de la ubicación. Mientras que Juan Carlos Rivera precisó que desconoce de una cuenta bancaria en nombre del Ejército peruano y que también suele pagar cierta cantidad de dinero al mes, aunque no dijo a quien.

 
Rivera resalta la idea de que no se puede hablar mucho de un alquiler de vivienda, sino más bien de una ocupación de viviendas. Y coincidió con Schaefer al decir que ya han solicitado a las autoridades pertinentes que se les dé prioridad a ellos cuando se decidan vender las casas.
 
Lobitos es un distrito de la provincia de Talara que apenas sobrepasa los mil habitantes, lo que significa poco número de votos para los políticos. Quizá sea esa la razón por la que se ha ido postergando la elaboración de un plan destinado explícitamente a la conservación de ese Patrimonio Cultural y se acabe con el desmantelamiento de la historia del distrito considerado Balneario de la paz (Convención de Jaén en el 2000).

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