“Cipriani se yergue como el gran moralizador, pero no es capaz de abrir un debate sobre la pedofilia”

ENTREVISTA (larepublica.pe)

Diego García Sayán. Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ex ministro de Relaciones Exteriores y de Justicia. Director de la Comisión Andina de Juristas. Abogado, con estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Austin (Texas). Ex baterista de los Hang Ten’s.

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Texto: Emilio Camacho.

Nunca fue un frontman, sino un discreto baterista. Cuando Felipe Larraburre cantaba “Till the end of the day” en las presentaciones de la banda Hang Ten’s, Diego García Sayán marcaba el ritmo con sus baquetas, siempre a la zaga, casi anónimo. De aquello, de la época en la que tocaba covers de The Kinks, han pasado 47 años. Hoy, el conocido jurista es presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y ha vuelto al debate diario sin quererlo, luego de que revelara que el obispo ayacuchano Gabino Miranda había sido destituido por el Vaticano, por un supuesto caso de pedofilia. Pero el rock no lo ha dejado. Su obsesión ahora son los discos de acetato, reencontrar a los clásicos de The Beatles o de los Rolling Stones que escuchaba de adolescente, para huir de la vorágine limeña.

Estudió en el colegio Santa María Marianistas.

Correcto.

¿Es católico entonces?

Fui formado en un colegio católico, pero tomé distancia frente a la Iglesia Católica de manera bastante prematura. Y con estos curas marianistas quizá no aprendí mucha matemática, mucha química o mucha física, pero sí aprendí algo que en mi vida ha sido más importante que eso: la virtud de la tolerancia, aceptar que alguien piense de una manera distinta y reconocer que esa persona tiene derecho a ejercer ese pensamiento. De manera que cuando yo le dije al hermano que dirigía el colegio que me eximiera de la obligación de ir a misa los días viernes, me escucharon con paciencia y no tuvieron ningún problema. Debo decirle además, que durante toda mi vida he trabajado con sectores de la sociedad civil, he sido abogado de comunidades campesinas, he conocido sacerdotes y monjas, en el Cusco, en Ocongate, en Sicuani, que tenían una entrega a la causa de la justicia admirable. Mi relación con la Iglesia es extraordinariamente constructiva, pero por allí aparecen algunas ovejas negras que ensombrecen el panorama.

Hablemos de eso. Ha escrito recientemente sobre la Iglesia Católica, ¿cuál es su objeto de interés sobre el catolicismo en este momento? ¿Los nuevos vientos en el Vaticano o la actitud del cardenal Cipriani, al que usted llama el “purpurado limeño” y evita nombrar?

No hay nada personal ni ninguna bilis en lo que he escrito, solo la afirmación de lo que significa el respeto a los demás. Nada me hace hervir más la sangre que alguien intolerante, que hace afirmaciones arbitrarias, que descalifica a la comunidad gay como él (Cipriani), con los términos más inaceptables. Esa es la hipocresía de alguien que se yergue como el gran moralizador de la sociedad, pero no es capaz de abrir un debate sobre otros temas, que nacen de la propia realidad, como la pedofilia. Ya le digo, a mí no me inspira ninguna animadversión a la Iglesia.

A la Iglesia no, está claro, ¿a alguna persona entonces?

No, en absoluto, lo que hay es una genuina indignación frente a gestos de intolerancia o la falta de coherencia de una persona que es muy locuaz los sábados, que pontifica contra todos, y que no ha sido capaz de preguntarse qué pasaba con las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años 90.

¿Conoce personalmente al cardenal Cipriani?

Sí, hemos cruzado palabra, tenemos una relación de parentesco. Él me antecedió en el mismo colegio. Lo que pasa es que así como en la sociedad, en los colegios también hay ovejas negras (sonríe).

¿Qué vienen a ser ustedes?

Su madre era prima hermana de mi madre. Pero jamás ha habido una relación de familia…

Se nota, no necesita precisarlo.

Es que para que los primos segundos se conozcan y se frecuenten se necesita de las abuelas, y ellas fallecieron tempranamente.

Entremos al caso del ex obispo Gabino Miranda, ¿qué es lo más preocupante aquí? ¿Que la jerarquía de la Iglesia no informara sobre el tema o que la justicia no pueda actuar en este momento porque no se conoce a la persona que denunció a Miranda (por presunta pedofilia)?

Yo creo que la justicia sí puede actuar, porque la justicia puede promover y buscar la verdad. No se trata de que el fiscal espere sentado a la víctima denunciante porque eso probablemente no ocurrirá jamás. La idea es que se abran los canales para que quien tenga la información pueda alcanzarla, quizá un número 0-800, que nunca será suficiente para acusar a nadie, pero sí para dar pistas. La Fiscalía está en la obligación de tocar todas las puertas. La gravedad está en dos niveles. Primero, que haya un caso que aparentemente la justicia no ha podido investigar y, segundo, que la jerarquía de la Iglesia se haya puesto de perfil frente a ello. La primera declaración que hizo el arzobispo de Lima fue que él no sabía nada, porque estaba en Roma, como si no existiera internet o teléfono. Eso es imposible. Hay una palabra del papa Benedicto XVI sobre la necesidad de enfrentar el drama de la pedofilia, pero la reacción en el Perú es inaceptable y yo creo que le hace un daño tremendo a la Iglesia, abre un proceso de deslegitimación.

¿Usted se considera un actor político o solo un observador de la realidad?

Mire, sería medio ingenuo decir que simplemente soy un observador y algo más que un analista político. He sido un actor político activo, a veces por derivación de circunstancias. Yo acabé de ministro de Justicia como consecuencia del aluvión que vino después de la caída del fujimorismo. Paniagua me ofreció el puesto, le dije: “Valentín, lo que quieras, pero la verdad es que no me entusiasma ser ministro de Justicia, me suena muy aburrido”.

¿Y recién ahora lo confiesa?

(Sonríe). Bueno, acabé teniendo una de las responsabilidades más interesantes y cautivantes de mi vida. No solo por el tema penitenciario, del que aprendí mucho, sino porque me tocó diseñar  e impulsar una lucha anticorrupción que no tenía precedentes en América Latina. En seis meses se recuperaron cien millones de dólares de la corrupción, gracias a una serie de normas. Luego estuve en la Cancillería, y ahora estoy como presidente y juez de la Corte Interamericana, así que sí, acabé siendo un actor político, sin hacer vida partidaria.

De acuerdo, tuvo un peso mayor en la vida política hace unos 13 años. Sin embargo, usted desata muchas iras y fobias actualmente, sobre todo en sectores de la derecha, ¿por qué?

Lo que pasa es que durante el gobierno de Paniagua mordimos carne, muy fuerte, con una serie de cosas. Para empezar deslindamos y dejamos en claro que las investigaciones las hacía la justicia y no el Ministerio de Justicia. Hubo mucha gente que me buscaba pidiendo que la ayudara, y no es que quisiera o no quisiera  ayudar, era simplemente que un ministro no se podía meter. En ese periodo se abrió una caja llena de culebras que poco a poco fueron saliendo, se obtuvo tal cantidad de información que cada semana iban cayendo personas que uno no hubiera pensado que estaban metidas en actos de corrupción. Se dejó sin efecto la ley de autoamnistía que se había dado en el 95, con ello se reabrieron los procesos contra el grupo Colina y esto llevó al proceso penal que concluyó con la sentencia a Alberto Fujimori.

En ese caso, sus enemigos, que los tiene, solo serían fujimoristas, pero para la derecha en general usted personifica al enemigo. No sé, por ejemplo, cuántas veces le habrán preguntado a usted si es caviar.

No lo creo. Tengo muchos amigos de derecha, tengo muy buena relación con diversos sectores empresariales, y soy abogado consultor de algunas empresas. No hay allí ningún tema. Lo que creo es que hay uno que otro actor periodístico, más que un actor político o social relevante, que tiene una obsesión que tendría que explicar a su analista.

¿Usted conoce a Aldo Mariátegui?

Lo he conocido tangencialmente, no he tenido mayor conexión con él y no es un personaje del que me guste hablar. Pero sin duda, por lo que me comentan, él tiene una obsesión particular. Yo jamás leo sus columnas, prefiero ver cosas constructivas.

Bueno, esta semana han coincido en algo. Han firmado un pronunciamiento a favor de la Unión Civil para parejas homosexuales.

Sí, tengo cinco dedos en la mano y los cinco me sobran para contar a quienes considero mis adversarios, y no considero enemigo a nadie. Lo que sí me indigna es la difamación, el atropello que puede cometer alguien utilizando la libertad de expresión para acusar a alguien, infamemente, por ejemplo, de haber liberado terroristas.

Le mencioné el pronunciamiento a favor de la Unión Civil. Con el rechazo que esta propuesta genera, ¿puede funcionar una cosa así en el país?

En este momento el tema de la Unión Civil, o más allá, el del matrimonio entre homosexuales, es parte de la ley y la práctica en diferentes países. Lo que tenemos en el fondo, más allá del proyecto, es una corriente en el mundo que busca enfrentar la discriminación, en todo sentido. Cuando analizas la historia, y ves como se fue dando saltos para superar la discriminación, siempre se hizo frente a una cantidad enorme y a veces mayoritaria de prejuicios. Si el gobierno y la Corte Suprema de los Estados Unidos hubieran esperado a tener una encuesta favorable para temas como el matrimonio interracial, todavía estaríamos esperando su aprobación.

En mayo escribió una columna llamada ‘Agoreros del desastre’. En la que describía a un conocido lobbista que había errado al predecir que la economía peruana iba a colapsar en verano. Sin embargo, el nombre del lobbista no aparecía en la columna, ¿a quién se refería?

(Sonríe). Se hizo una caricatura, creación heroica de Carlín, que aludía probablemente a Kuczynski.

¿Probablemente?

Sí, sin duda que estaba pensando en él. Confieso que con Kuczynski hemos sido colegas en el primer gabinete de Toledo y naturalmente es muy difícil coincidir con el ministro de Economía.

¿Y desde esa época ya pensaba que Kuczynski era un lobbista?

Yo no quiero acusar, por eso no puse ningún nombre.

Pero lo dijo con todas sus letras: lobbista.

Sí, pero decía por qué, porque se hacían predicciones y afirmaciones que no tenían ninguna lógica. No soy economista, pero leo mucho de economía, y puedo decir que habían predicciones que no tenían ni pies ni cabeza, y que solo podían obedecer, según muchas versiones, a sectores muy específicos que querían fomentar una devaluación del sol frente al dólar. A mí si me llama la atención una prensa acrítica, en la que una persona puede decir una barbaridad como esa, y por el hecho de que ha sido una autoridad en materia económica  nadie le pregunta qué pasó con su predicción.

¿Es su estilo terminar a las trompadas con sus ex colegas?

No, no. Tengo gran amistad con todos.

Hablando de este tema, ¿qué piensa del tema Toledo? Hay una serie de contradicciones alrededor de la compra de sus propiedades y las de su suegra. Hay gente que le pide que explique todo, pida disculpas y se retire de la política. ¿Coincide con ellos?

Para mí un principio fundamental es la presunción de inocencia. Dicho eso, quiero confesar que este caso me produce mucha tristeza. He creído y quiero seguir creyendo en la honestidad de Alejandro Toledo, y no tengo ningún elemento para concluir que él metió la uña en recursos públicos. Sin embargo, está claro que las explicaciones que se han dado hasta el momento no son consistentes. Si esto no se aclara, pensar en una candidatura estaría fuera de lugar. Yo no dejo de tener una dosis de esperanza en que esto sí se pueda explicar.

¿Hace cuánto tiempo que no habla con Alejandro Toledo?

Ya son unos dos o tres años.

¿Estuvo en Vanguardia Revolucionaria?

Fue en la juventud universitaria. Estábamos convencidos de que se podían hacer cambios sustantivos, revolucionarios, por fuera de las estructuras comunistas clásicas, del Partido Comunista Chino y del Partido Comunista soviético, que construyeron sociedades con partido único, y con el estatismo como regla de organización. En esa búsqueda, entre varios, integramos ese movimiento, del cual salieron todo tipo de corrientes, en un proyecto que ostensiblemente no era viable.

¿Y cuándo concluyó eso? Hasta 1987 usted era un hombre de izquierda, firmó un pronunciamiento a favor de la estatización de la banca promovida por Alan García.

No pues, ser de izquierda no quiere decir necesariamente que uno sea estatista.

Pero hasta el 87 creía en eso. Estaba con García.

Lo del 87 fue un momento muy singular en el que varios cometimos el error de pensar que estatizando la banca se podía tener un sistema financiero más equilibrado, que llegara con crédito a los rincones más distantes del país, y la realidad demostró que eso no era así. Pero para eso yo ya tenía largos años apartado de estas opciones revolucionarias. Además, la estatización de la banca la apoyó todo el Apra, que no es particularmente de izquierda.

¿Cuándo dejó de ser de izquierda?

Me sería muy difícil definirme como antiizquierdista, no me siento así.

No se lo he dicho.

Bueno, pero es la verdad. Yo no he dado el volteretazo de Fernando Rospigliosi.

¿No es un liberal?

No, no me siento liberal. Aunque sí, en el sentido democrático, en el ejercicio pleno de las libertades personales. Pero también creo que en la sociedad, el papel regulador del Estado es indispensable, para la protección del medio ambiente y el control de monopolios. A partir de la experiencia y de la realidad, puedo decir que solo sobre la base de un proyecto capitalista se puede tener una sociedad viable, que genere riqueza.

Después de que concluya su periodo en la Corte Interamericana, ¿postularía a algún cargo público en el Perú?

No tengo mayor interés en la política electoral, la verdad, he sido efímeramente parlamentario, en reemplazo de Gustavo Mohme, y me quedé curado de ello.  

Pero postuló dos veces al Parlamento (en el 85 y el 95), sin mucha fortuna. Antes sí le interesaba llegar al Parlamento.

Esa es otra historia, el cómo se manejó el conteo para ese voto preferencial. Pero preferiría no hablar de eso ahora.

Foto: Omar Lucas.

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Discriminación de Estado

EDITORIAL (El Comercio)

  • ¿Es válido hablar de inclusión social cuando una parte de los ciudadanos siente que sus derechos no son respetados? ¿Qué hace el Estado respecto a los mal llamados “grupos minoritarios”? (César Masías)

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Foto: Web del diario El Comercio.

elcomercio.pe:         En el 2007, Yefri Edgar Peña Tuanama trabajaba como promotora del Ministerio de Salud en el distrito de Ate. Un terrible día de ese año, el 28 de octubre, se encontró durante su recorrido al paradero Tagore con cinco pandilleros, quienes la persiguieron y golpearon brutalmente debido a su condición de mujer trans. Yefri logró escapar y corrió hacia una tanqueta de la Dinoes, buscando el auxilio de los dos policías que se encontraban en ella. Estos le negaron su ayuda y le dijeron que solucione sola sus problemas.

Yefri siguió huyendo, pero los hombres que la perseguían finalmente la atraparon en una cantina. Ahí, tomaron unas botellas rotas y le cortaron la cara, la espalda y el cuello. Creyendo que su víctima había muerto, los pandilleros se retiraron.

El caso de Yefri no es aislado. Si bien la policía no lleva una estadística de los crímenes de odio que se cometen en el país, muchos de estos llegan a las portadas de los diarios y a los programas de televisión todos los años. Un reciente informe de la ONG Promsex, por ejemplo, hace un recuento de escalofriantes casos ocurridos en las reciente s épocas. Entre ellos, policías que detienen arbitrariamente a un joven gay y lo violan con una vara de goma, juntas vecinales que apalean a una mujer trans y la obligan a dormir amarrada en la pista, o terroristas que, antes de asesinar a un homosexual, le cortan el pene en pedazos.

Frente a estos horrendos crímenes, el Estado no solo ha decidido abstenerse de dar un paso adelante para frenarlos sino que, en algunos sentidos, ha preferido dar varios vergonzosos pasos en la dirección opuesta. Según el citado informe, el Estado Peruano se ha vuelto un promotor de que se retire de tratados internacionales la protección contra la discriminación a grupos homosexuales. Siendo esta la política estatal, no es de extrañar que –según una reciente encuesta de la PUCP– el serenazgo y la policía sean las dos instituciones de la sociedad que menos respeto muestran por los ciudadanos homosexuales. Así las cosas, tampoco debería llamar la atención que en varios municipios se contemple como parte de la política de “seguridad ciudadana” la “erradicación de homosexuales” por considerarlos “gente de mal vivir”.

Como empeorando esta situación, el jueves pasado el pleno del Congreso rechazó una modificación al Código Penal para que las agresiones motivadas en la orientación sexual y la identidad de género fuesen castigadas con penas agravadas. A decir del congresista Humberto Lay, es mejor que el problema de la discriminación por orientación sexual se solucione con una mejor educación y no incluyendo nuevos agravantes en la ley. Una pobre excusa que tiene tanto sentido como decir que, para enfrentar una terrible ola de secuestros, es preferible mejorar los cursos de educación cívica en los colegios antes que recurrir al sistema penal.

Ahora, probablemente fue el parlamentario Julio Rosas quien dio el peor argumento –si generosamente se le puede llamar argumento– para rechazar la mencionada modificación. Él señaló que no podemos “estar incorporando algunas categorías que tergiversan nuestro ordenamiento jurídico”. Al parecer, para el congresista Rosas, sancionar severamente a los sujetos que le cortaron el cuello a Yefri Peña o a las personas que apalean y amordazan a ciudadanos homosexuales solo por serlo sería una penosa “tergiversación” del sistema legal.

Sorprendentemente, el pleno no tuvo inconvenientes en aprobar que se sancionen con penas agravadas las agresiones motivadas en otros supuestos de discriminación. Por ejemplo, los casos en los que el crimen se cometa por odio religioso (supuesto, vale la pena resaltar, muy extraño en el Perú, donde es exótico encontrar violencia en nombre de la fe). Así, por alguna razón que no pueden explicar (o que prefieren, por vergüenza, callar) congresistas como los señores Lay o Rosas no tienen problemas en discriminar al momento de sancionar los delitos motivados por discriminación. Parece que, para ellos, violar con una vara de goma a una persona debido a sus elecciones religiosas sería un crimen espantoso que habría que sancionar severamente. Pero si el motivo de la violación fuese el odio hacia los homosexuales, por lo visto, no habría por qué escandalizarse tanto.

“Se está exagerando con el libro ‘Aromas’”

COMENTARIO (Martha Hildebrant)

  • La Lingüista y excongresista opinó sobre el supuesto matiz de racismo que se puede percibir en la narración del mito sobre el origen de las razas en el libro Aromas

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peru21.pe:         La lingüista Martha Hildebrandt consideró que se está exagerando con las críticas contra el libro Aromas, que forma parte del Plan Lector y que está dirigido a niños del segundo año de primaria, por el supuesto contenido racista de una narración sobre el origen de las razas.

La también excongresista dijo que, al tratarse de un relato mitológico, no debe tomarse literalmente lo expuesto. Como se recuerda, su autor, el docente Óscar Espinar, indicó que la narración proviene de la cultura Jíbara del norte de la Amazonía peruana.

“Un mito es un mito y, sobre todo, que es elaborado por los mismos denigrados, afectados (en referencia a la cultura Jíbara), y simplemente el color de la piel es un hecho, no es ninguna invención”, expresó Hildebrandt enRPP.

“El mito en sí no es agradable ni ejemplar, pero esa es una cosa distinta de que sea el verdadero o no. Ahora yo no creo que deba tomarse literalmente”, añadió.

Hildebrandt también indicó que la polémica desatada ayer se desató porque “hay una especie de hipersensibilidad” en cuanto al racismo y que esto no ayuda a desterrarlo”

“No podemos negar la luz del día. Somos diferentes y en el Perú somos de raza mezclada”, finalizó.

Foto: L. Gonzáles / USI.

“Ley de Servicio Civil es elemental para ordenar el sector público a favor del ciudadano”

ENTREVISTA (Juana Huaco)

  • La especialista y docente de la Universidad de Piura opinó sobre la Ley del Servicio Civil en un diario local y dijo que la norma ayudará a que el país sea más competitivo, por eso es necesario informarse. Así mismo, negó que sea causa de la inestabilidad laboral o de una posible crisis.

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Diario El Tiempo (Tanía Elías):  

Se ha señalado que el objetivo de la ley es ordenar y mejorar el desempeño del servidor, lo que tendrá impacto en el sector público. ¿Cree que logrará ese cambio?

En principio digo que sí. Siempre se ha hablado de la reforma del Estado, y no desde este gobierno, sino de varios atrás. Todos sabemos que la situación del sector público deja mucho que desear. Hay una lentitud en ese ámbito y eso refleja que las instituciones públicas no están al ritmo que deberían, más aún frente a cómo se desarrolla la economía nacional. El que se afecta es el ciudadano.

 

Muchos consideran que la ley es básica…

Es elemental, porque habla de la meritocracia y eso es importante en toda institución en la que se busca buenos resultados, sean privadas, Pymes, etc., y esto parte desde el elemento humano. La empresa, el ministerio, etc. se desarrolla si el trabajador crece, le da un valor añadido. Eso lleva a que se le siga apoyando, porque todo ser humano busca el desarrollo profesional. Eso trae la Ley de Servicio Civil.

 

Pero se mencionan concursos, y los hay en la actualidad…

Sí, pero la diferencia está en que el ingreso se hará por los méritos, a partir de unos criterios técnicos, en base a lo que sabes y vas a aportar, y no por una sumatoria de un currículo. Ahí está el cambio con los concursos que estamos acostumbrados a ver, con críticas y observaciones, porque algo que pasó. La ley recoge procesos transparentes.

 

El tema de la permanencia es lo que preocupa a los trabajadores, quienes hablan de inestabilidad laboral por la evaluación…

Estando ya dentro, definitivamente las competencias que el trabajador debería estar mostrando para desempeñar un puesto de trabajo deben ser medidas. El proyecto señala que hay que ver si el personal sabe desempeñarse en el puesto y si no es así, se le debe capacitar y ayudarlo. Lógicamente, tiene que ser luego evaluado para ver cuánto ha mejorado y ver los resultados.

 

Pero el hecho de tener no tan buenos resultados es lo que hace temer a los despidos 

No es que van a haber despidos o no lo veo así. Se está diciendo, yo necesito evaluarte. Pasa en una institución privada y en públicas como la Sunat, BCR, el Ministerio de Economía y Finanzas, que ya aplican la evaluación del desempeño. Eso no ocurre en el Gobierno Regional, en municipalidades, pero hay que poner indicadores y metas, saber si se cumplen. Si no se logran, saber por qué. Si es un tema de conocimiento, se le capacita (al trabajador). Luego se pedirá nuevamente resultados.

 

¿Y si no aprende?

Si no aprende aún cuando lo he capacitado, no me da resultados, ¿qué significa? Que no quiere y ahí sí, pues… Lo debemos reconocer, y es lo que pasa en la mayoría de las instituciones, porque en muchas falta una cultura evaluativa.

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Foto: Diario El Tiempo.

“Hoy ya no se puede hacer invisibles a los pobres como hace 50 años”

ENTTREVISTA (Ollanta Humala)

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El País Latinoamérica (Javier Moreno):    Difícilmente adivinaría uno solo con saludarle que Ollanta Humala es militar —por el porte ligeramente retraído con el que se presenta, más bien timidez según los que le conocen, la sonrisa que aflorará con facilidad a medida que avance la conversación, en ocasiones risa franca—; militar al menos de la manera en la que estos han solido practicar la política en casi cualquier parte del mundo, por desgracia América Latina no ha sido en esto una excepción. Pero difícilmente también concluye uno la conversación con el presidente del Perú sin la convicción de que, en el fondo, es un militar, por cómo describe sus objetivos, analiza sus posibilidades, ahora un paso, luego otro, mantiene la vigilancia de todos los flancos, conserva la mente fría y recurre una y otra vez en su discurso a las virtudes castrenses, disciplina, jerarquía, respeto, estrategia.

Dos años han pasado ya desde que el 5 de junio de 2011 derrotara en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del Perú a la hija de Fujimori, tras lo cual la Bolsa de Lima se desplomó, según él mismo me recuerda, y el dinero, siempre temeroso, buscó refugio tras juzgar que un militar de retórica izquierdista y agenda oculta se había alzado con la jefatura del Estado para alinear el país con el eje bolivariano del presidente Chávez, hoy fallecido, y poner quizá en riesgo la democracia.

Han pasado dos años, afloran las acusaciones de que Humala está abandonando sus promesas a los más desfavorecidos, digo, y ni en los hechos ni en los discursos se muestra el presidente del Perú como un extremista, pese a lo cual me da la sensación de que los recelos iniciales no se han disipado, le comento.

—No. Yo creo que los recelos persistirán.

“La construcción de un Estado moderno implica disciplina”

Esos recelos conforman el subtexto de las críticas de la derecha de su país que recibe el gobernante peruano, así como de no pocos medios de comunicación, mientras que la mayoría de observadores internacionales convienen sin embargo en unos hechos que desdicen con hartos datos el relato anterior. Lo cierto es que en estos dos años el Perú ha culminado bajo el mandato de Humala uno de los capítulos de más éxito en América Latina, con crecimientos superiores a la mayoría (este año se espera más de un 6%), inflación controlada (poco más del 2%) y un enorme esfuerzo en la reducción de las desigualdades, la consolidación de la estabilidad política e institucional, así como la lucha contra el atraso secular de un país devastado durante décadas por el desgobierno, la corrupción, la violencia iluminista de la ultraizquierda y, finalmente, la calamidad de un Alberto Fujimori convertido en caudillo y sus secuaces, que solo tras la caída de este comenzó a enderezarse con los presidentes Alejandro Toledo y Alan García.

La persistencia de los recelos

Pero tiene razón el presidente sobre la persistencia de los recelos, le comento la sorpresa que me produjo un vídeo de un evento esta misma semana en el que él pide confianza a un grupo de empresarios —“sé que muchos de ustedes no votaron por mí”—, al tiempo que les asegura que no va a tomar decisiones que generen incertidumbre, declaración que extraña, cuando menos, siendo así que la moderación ha presidido toda su acción de Gobierno durante ese periodo en el que ha alineado el Perú no con Venezuela, como algunos temieron, sino con Chile, Colombia y México en la Alianza del Pacífico, las economías que, junto a Brasil, con más claridad se han decantado por el libre mercado, la separación de poderes y las políticas de estabilidad en todo el continente.

— Me refería yo a que hoy la economía global está pasando por un mal momento. Y el Perú, dentro de América Latina, viene liderando el crecimiento económico y esto a través de un esfuerzo que nos ha costado a todos los peruanos y que nos ha llevado décadas remontar la mala situación económica que vivimos en la década de los ochenta y parte de los noventa. Nosotros queremos generar un clima de confianza. Y les hice recordar a los empresarios peruanos que mi elección como presidente de la República trajo a los sectores empresariales ciertas dudas, ciertos miedos, porque en la campaña ellos no me conocían y creían que el Perú se iba a alinear en el bloque de los países del ALBA, cosa que no hemos hecho ni vamos a hacer. Nosotros estamos trabajando por un modelo de economía abierta, de mercado, pero también con un concepto nuevo, de la mano van el crecimiento y la distribución de la riqueza. A veces planteamos programas sociales que a determinados sectores no les suena como que la cosa está yendo bien e inmediatamente salen a cuestionar que nos estamos yendo para el otro lado.

De la disciplina en la política

La conversación se desarrolla a lo largo de casi dos horas el jueves pasado en el salón dorado de la Casa de Gobierno en Lima, cuya construcción y recubrimiento con pan de oro, inspirado en el palacio de Versalles, le convierten en uno de los espacios más impresionantes de palacio. Humala, de 50 años, viste traje azul marino, camisa blanca y corbata azul eléctrico. Es mediodía y bien entrada la charla me permito señalarle al presidente, a propósito de sus alusiones a la importancia de la disciplina —“sin disciplina no hay Ejército”— dos paradojas en las que él se explayará y que ilustran de forma extraordinaria por qué Humala, aun siendo un militar, se ha convertido en una especie de socialdemócrata en los Andes, empeñado en asentar las instituciones, consciente siempre de la fragilidad de los avances sociales y de la necesidad de cimentarlos con amplios consensos, en la estela de Lula o de Mujica, a los que citará más adelante cuando hablemos de sus alineaciones políticas.

“Las instituciones se construyen 
con confianza y respeto 
a las reglas de juego”

La primera consiste en que la seguridad no constituye un asunto únicamente de orden público. Es este, naturalmente, un concepto muy extendido, con matices, entre las izquierdas políticas de todo el mundo (lo que las distingue de las derechas que, también con matices, suelen preferir soluciones más expeditivas), pero que no deja de sorprender en quien pasara más de 20 años en el Ejército, de donde se retiró en 2004 con el grado de teniente coronel, poco antes de dedicarse de forma abierta a la política.

—La inseguridad es un problema muy grave. Pero no podemos creer que la seguridad consiste en un problema que se resuelve con poner un sheriff. Este es un problema estructural y en buena hora que hay un presidente militar que lo entiende, porque si no fueras militar no lo hubieras entendido, y creerías solamente que se trata de elevar penas, como muchos querían. Pena de muerte. Creen que así se resuelve el problema, creen que es solamente un tema de más policías. Es un problema de valores, de falta de oportunidad de los jóvenes. Lo que pasa es que acá todo lo relacionamos con policía. Entonces, hay un problema de seguridad, que vaya el ministro del Interior. Por eso yo digo en el Consejo de Ministros: “Todos ustedes tienen que contribuir a la seguridad porque es injusto que, por un problema que debió haberlo resuelto un sector, hoy día el ministro del Interior tiene que ir al Congreso a explicar o a asumir el costo político”.

La otra paradoja, le señalo, consiste en que esa misma disciplina militar, aplicada a la política, es la que ha llevado a la izquierda al poder en el Perú por primera vez, si se descuentan las dos experiencias del APRA con Alan García en el Gobierno, que no parecen contar como izquierda en el relato de Humala.

— Claro. Ellos han llegado al Gobierno con nosotros. Primera vez en su historia que llegan al Gobierno, con nosotros; que son ministros, con nosotros. Porque la izquierda cometió errores estratégicos en el Perú. Era una izquierda que acá, decían, cuando llovía en Moscú salían con sus paraguas. Eso lo he escuchado yo, mis padres son de izquierdas. Muy encasillada, tenían la soberbia de creerse los únicos intelectuales del país y despreciaban al resto porque no eran marxistas, una izquierda acartonada. Mientras otras izquierdas en América Latina llegaron al poder, en el Perú a lo máximo que llegaron fue a la alcaldía de Lima. Por sus propios errores. Hay intelectuales destacados y rescatables entre ellos, pero esto es así.

Izquierda, derecha, nacionalismo

Esa experiencia en el poder ha durado poco, en sucesivas crisis de Gobierno los ministros más claramente izquierdistas han terminado fuera del Ejecutivo, lo que ha añadido confusión al ya de por sí fragmentado panorama político peruano y ha contribuido al relato de que Humala se está alejando de las posiciones que le llevaron al triunfo electoral.

“La izquierda del Perú era soberbia, se creían los únicos intelectuales”

— Los participantes en [la coalición electoral] Gana Perú que eran de izquierdas y que los colocamos ahí no aguantaron ni seis meses en el Gobierno, se salieron y ahora están con la derecha. Es una cosa de locos, se ríe el presidente. Hay una bancada que agrupa congresistas de derecha y congresistas de izquierda, o sea, la necesidad de tener una comisión, cosas menudas juntando a grupos de izquierdas y grupos de derechas en el Congreso.

— ¿Cómo define entonces usted el nacionalismo que vertebra su formación política, el Partido Nacionalista Peruano?

— Creo que uno de los problemas, uno de los errores estratégicos de la izquierda fue que abandonó la bandera de la lucha, de la justicia social, y esa es la que hemos retomado con el nacionalismo. Entonces, en el panorama latinoamericano ¿dónde se ubica el nacionalismo? En la izquierda latinoamericana, con Lula, con Mujica… Provenimos de un nacionalismo que se nutre de José Carlos Mariátegui, y el socialismo andino, del antiimperialismo de Haya de la Torre, que también lo tenemos en nuestras bases ideológicas, porque Haya de la Torre será aprista, pero es peruano…

— Hay un busto de Víctor Haya de la Torre en el salón de al lado.

“Hemos retomado la bandera de la justicia social que dejó la izquierda”

— Son las fuentes de inspiración que tiene el nacionalismo, que busca justamente integrar a la nación como nación. Todas las etnias, comunidades, culturas, de un país multicultural y diverso. No buscamos separar, sino buscamos unir, integrar. Tiene un sentido muy distinto al que tiene en España.

La tarea y los límites del gobernante

Ser Gobierno, efectivamente, resulta tarea harto complicada y dos años han bastado, seguramente menos aun, le sucede siempre a todo gobernante, para que el presidente haya descubierto los límites del poder; la inevitable frustración que produce comprobar que la maquinaria del Estado no alcanza para las ingentes necesidades del país, no llega con eficacia al conjunto del territorio, los problemas se acumulan sin resolver. Se imaginó, le pregunto al gobernante, que gobernar era esto, que ni toda la disciplina ni toda la voluntad ni todas las ideas logran cambiar la realidad al ritmo que uno desearía o al que uno se había comprometido.

— Uno siempre quiere que las cosas vayan más rápidas y lo que hemos encontrado es un ritmo del Estado muy lento a nuestro querer, a nuestros deseos. Tenía la disyuntiva de si respetamos los pasos para llevar el Estado a un proyecto determinado o los obviamos. Hemos visto cómo en el pasado por obviar pasos, no respetar procedimientos se llega a la corrupción. Entonces nosotros lo que hemos hecho es acelerar las cosas, pero respetando los procesos, de tal manera que cuando dejemos el Gobierno tengamos obras bien hechas, con sostenibilidad y que no vengan cuestionamientos posteriores a que hubo actos oscuros.

Citando todas las cifras de memoria, mostrando que está en todos los detalles, Humala enumera una lista, siquiera parcial, de los proyectos que le preocupan. Demuestra paciencia, pero la enumeración revela no solo la envergadura de la tarea, sino también la imperiosa necesidad del presidente de sacar adelante un programa que comprometió con los más desfavorecidos y por el que sabe que, al final, será juzgado; que tras colocar sus logros y sus fracasos en los platillos de la balanza, la historia o la memoria del Perú le salvará o le condenará. “[El programa para jóvenes con buen rendimiento económico y escasos recursos económicos] Beca 18, que ya tiene 14.000 becarios; había 300 becarios cuando llegamos al Gobierno y prácticamente el 95% eran becados dentro del país, no fuera del país; hoy día tenemos más de 14.000 becarios y la meta es superar los 40.000 en 2016”; programas de atención a la familia, la ley del seguro médico a todos los niños de las escuelas públicas para el correcto seguimiento de su estado de salud, “llegan el primer día a clase y los pesamos, los medimos, los ojos, la visión, porque muchos de estos chicos tienen necesidad de lentes”. El presidente añade más cifras, más datos, más programas, pasan cinco minutos, obras de mediano plazo y obras de corto plazo; el metro para la ciudad de Lima, el desarrollo de la petroquímica, transcurren otros 10 minutos, la construcción del gasoducto, el tren costero, el tren de cercanías para Lima, la longitudinal de la sierra “y una serie de obras así; hoy hemos entregado las transferencias de fondos para proyectos inmediatos, todos orientados a agua y desagüe por un valor aproximadamente de 800 millones de dólares (610 millones de euros). Estamos transfiriendo ya prácticamente 3.000 millones de soles (820 millones de euros) en este tipo de obras de corto plazo”. Finalmente se detiene, aunque no lo haría, si el formato de la conversación no se lo impusiese.

“Estados Unidos nos ve como uno de los países más estables”

— Pese a todo ello se oyen voces de aquellos que le votaron que ahora se sienten decepcionados; mientras que algunos de los que más desconfiaron comienzan a sentirse más a gusto. No sé si esto es bueno o malo, le digo.

— Nosotros somos un partido joven que ha tenido unos aliados y que en muchos casos esos aliados pueden sentirse un poco alejados porque tal vez ellos quisieran una cuota de poder más de la que se les dio. Ese es un tema. Otro puede ser el tema ideológico porque muchos aliados o mucha gente que apoyó tiene determinada ideología y entonces para ellos la relación que estamos construyendo con los empresarios pueda sonar contraria a su ideología. Pero es que cuando asumí la presidencia juré gobernar para los 30 millones de peruanos, no solamente para los que votaron por mí, sino también para los que no votaron por mí, para los partidos de oposición también. También puede haber el tema de la ansiedad, todo el mundo quiere que se le resuelva su problema en el día y en el día tienes que resolvérselo. El Estado no tiene tanta capacidad para resolver en el día los problemas del país.

— ¿Cómo se siente cuando en algunos de esos conflictos sociales, como los mineros, se producen muertos civiles a manos de las fuerzas del orden público?

— Mal. Me siento pésimo. Porque yo digo, podemos discutir, debatir acaloradamente, pero hay límites y cuando se traspasan esos límites y se llega a la pérdida de vidas ya no hay marcha atrás.

El descubrimiento de la clase media

Con ser grandes los desafíos de sacar de la pobreza a millones de personas, la izquierda en el poder en América Latina hace tiempo que descubrió también la importancia de la consolidación de las clases medias, un proceso que acelera el crecimiento económico, consolida las instituciones y fortalece la adhesión a la democracia, siempre necesitada de creyentes en el continente. También Humala ha venido a esta convicción, lo que seguramente espoleó a los críticos que le reprochan su viraje hacia la moderación.

— Creo que hemos logrado avanzar en la consolidación de una clase media, que fue disuelta en la década de los ochenta. Y esta clase media hoy día está cerca del 65% de la población peruana y eso es algo inédito en nuestra historia. Esta clase media también ayuda a dinamizar la economía porque demanda calidad en los servicios, no solamente demanda servicios, sino calidad en los mismos y esto obliga a las empresas a ser más competitivas y a invertir en capacitación, e invertir en capacitación involucra también intervenir o coadyuvar en políticas educativas que benefician a los jóvenes de las clases populares.

— ¿Ha recibido usted muchas presiones desde que comenzó a gobernar?

— Presiones tengo de todos, hasta de mi mayordomo, se ríe. Tengo acá un sindicato. El Gobierno saliente antes de salir me dejó un sindicato de presiones por todos los lados. Yo creo que el gobernar involucra paciencia, todos los días damos miles de batallas y no se van a acabar, cuando me vaya el que venga va a tener que ir dando miles de batallas. Presiones en la calle, en las fuerzas políticas por cuotas de poder, presiones en el mismo equipo o grupo de Gobierno. Las relaciones interpersonales son siempre delicadas y cuanto más arriba son más delicadas todavía. Y con todo eso uno tiene que vivir, es como una mochila que uno lleva. En los momentos más difíciles cuando me encuentro así me ayuda el tener el soporte de la familia, creo que eso también es importante.

Batallas de resultado incierto

Resulta conocida la aversión de Humala, el militar, por los enfrentamientos inútiles. Alguna vez declaró que le disgusta dar batallas de cuya victoria no esté convencido. No sé si se trata de una idea cuya aplicación en la política pueda conducir a la parálisis, especialmente en un país como el Perú, en el que los partidos políticos padecen de una fragmentación y una debilidad que los vuelve inoperantes; donde, con mucha probabilidad, los políticos, al emprender un proyecto, están menos seguros de poderlo culminar con éxito que en otros países de mayor trabazón institucional. Así que le pregunto al presidente si, basándose en esa aversión suya a los choques estériles en resultados, lamenta ya las batallas que ha renunciado a dar.

— Todavía no he cumplido dos años de Gobierno. Entonces yo todavía no diría que lamento no haber dado batalla alguna, porque eso lo tendría que decir al término del mandato, cuando ya no hay la oportunidad de darla.

— ¿Y la más importante para usted ahora?

— Una batalla importante que se tiene que dar, y que espero que la ganemos, es la reforma del Estado. Y la estamos dando por partes porque hay batallas que se pueden dar y aportar y poner todo tu capital en la batalla; o sea la ganas o la pierdes; no hay término medio. Y hay otras que se dan por etapas. Uno va midiendo y cuidando sus fuerzas y sobre todo las reservas. En términos militares, siempre un comandante debe guardar sus reservas, que son las que le permiten cambiar el rumbo de la batalla en un momento determinado. Entonces, yo creo que la reforma del Estado la estamos dando por partes. Hemos empezado con la reforma tributaria; hemos hecho la reforma de la educación, hemos hecho la reforma de las fuerzas armadas y las fuerzas policiales, hemos hecho la reforma del sistema de pensiones. Estamos hoy día trabajando en la reforma en el sector salud porque es una batalla tan grande que uno no puede entrar y poner todo su capital, porque es una fuerza muy grande a la que uno se enfrenta; son cuotas de poder. Por ejemplo hoy día estamos avanzando en lo que es la reforma del Servicio Civil, que es la Administración pública. Algo que el 80% o 90% de la población quiere. Si usted pregunta en la calle, ¿está usted conforme en cómo le atienden en un ministerio? Pues no ¿En el Poder Judicial? No. ¿En el Congreso? No. La gente quiere un cambio. Pero hay sectores de poder que no quieren ese cambio. Hay presiones de los sindicatos. La batalla se va a ver en el Congreso, pero también los sindicatos del Congreso presionan a los propios parlamentarios. Es una de las batallas fundamentales que tenemos que dar.

— Esa reflexión se inserta en una más amplia en la que usted siempre insiste mucho: la necesidad de las instituciones, la debilidad de las cuales, efectivamente, es la debilidad de América Latina. ¿Cómo se construyen y se consolidan las instituciones? ¿Cómo se está haciendo en el Perú? ¿Cuáles son las trabas?

“En Venezuela no hay ninguna prueba que nos haga dudar del resultado”

— Las instituciones se construyen con confianza y con respeto a las reglas de juego, de tal manera que se puedan institucionalizar usos y costumbres, se puede institucionalizar todo lo que se viene actuando y no venga otro y lo cambie. El problema en América Latina es que somos una región, además de muy desigual, poco formalizada, somos muy informales, y eso es una dificultad para el Estado, no solamente en el área tributaria, sino en el área de gobernabilidad y paz social, porque, como decía, para reclamar algo es más fácil encadenarse en la calle que llevar su solicitud a través de un ministerio, a través de un municipio. ¿Qué tenemos que hacer? Yo creo que tiene que haber un cambio cultural, tenemos que trabajar el tema de educación, tenemos que trabajar valores, pero también tenemos que generar, que construir un Estado moderno por eso es importante la reforma del Estado, que la gente vea que se le resuelve su problema. Yo creo que eso implica disciplina y es algo que yo lo valoro mucho porque yo vengo del Ejército. Sin disciplina no hay Ejército.

El gran viraje exterior

Si en política interior, especialmente en el tema económico, el giro ha sido profundo, en asuntos extranjeros resulta sencillamente copernicano. Humala ha forjado lazos estrechos con la mayoría de presidentes de la región, pero su protagonismo ha resultado fundamental en la consolidación y funcionamiento de la Alianza del Pacífico junto con Chile, Colombia y México, todas ellas economías abiertas y de libre comercio, que en lo político constituyen ya un contrapeso al Mercosur. Tampoco ha sido menor su papel en Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), un foro de reciente creación en 2011, pero que ya destaca como uno de los más eficaces de la región. El presidente Mujica de Uruguay, le digo a Humala, me comentó recientemente que estaba muy contento de cómo funcionaba Unasur, de su operatividad, se llaman entre ustedes y en 24 horas pueden organizar una reunión en caso de crisis, que antes no tenían un mecanismo de parecida agilidad.

— Eso es así. Fue en el tema de Venezuela también que de un día para otro convoqué acá a los jefes de Estado y estaba no solamente Mujica, han estado [Juan Manuel] Santos, Dilma [Rousseff], todos los presidentes han dejado lo que estaban haciendo y han venido, y se lo agradezco bastante. Nos hemos sentado acá, hemos conversado entre nosotros sin cámaras, sin grabaciones, como amigos, nos hemos dicho las cosas claras. Ha habido momentos duros, ha habido momentos jocosos, nos hemos matado de risa de varias cosas. Es una relación que para mí la coloco como una relación de amigos, y eso nos ayuda a resolver las cosas. La vez pasada Evo [Morales] me llamó por un tema determinado, con Santos nos hablamos con frecuencia, resolvemos las cosas. Los problemas que tienen los ministros al final los resolvemos nosotros. A mí me parece una forma moderna e innovadora, menos encorsetada y más efectiva de hacer política.

— En algún momento sugirió usted que Unasur se puede convertir en una alternativa a la OEA. ¿Es un aviso a la tradicional influencia de Estados Unidos en la OEA? O, dicho de otra manera, ¿cree usted que EE UU tiene un peso excesivo en la OEA?

“La gente quiere un cambio, pero hay sectores de poder que no quieren”

— Bueno, definitivamente lo que tenemos es un continente americano con una América Latina y Estados Unidos y Canadá. Obviamente, Estados Unidos y Canadá tienen un peso estratégico en América Latina y también en la OEA. El tema es que muchas veces la OEA no tiene esa agilidad y rapidez que a veces los acontecimientos requieren y que en estos casos Unasur ha tenido una mayor prontitud en tomar decisiones como es el caso de Paraguay o de Honduras.

— De haber tenido Unasur observadores electorales propios, como usted ha sugerido, ¿hubiera ello evitado el conflicto poselectoral en Venezuela?

— No, porque yo creo que en Venezuela hay un proceso de polarización del país que ya lleva tiempo y que el resultado tan ajustado de las elecciones de todas maneras generó suspicacias, generó dudas particularmente en el candidato que perdió y obviamente los observadores no hubieran podido dar la razón a uno u a otro si es que no hay una investigación, etcétera. Lo que han hecho los países miembros de Unasur, como gran parte de la comunidad mundial, por otra parte, es reconocer el resultado oficial dado por el Colegio Nacional Electoral. Y ha instado al nuevo Gobierno venezolano a que se resuelvan estas preocupaciones que tiene el lado opositor dentro de los cauces democráticos porque cualquier problema de inestabilidad en Venezuela nos afecta a todos.

— Justo de la reunión que hubo aquí en Lima salió un firme apoyo al triunfo de [Nicolás] Maduro en Venezuela, pero también esa petición de auditoría y también un compromiso de monitorear cuál era la evolución del clima político en las semanas siguientes. ¿Cómo evalúa usted ahora la situación? ¿Cree que las elecciones fueron suficientemente limpias?

— Yo creo que el resultado que dio el Colegio Nacional Electoral es el resultado. No tenemos ningún indicio de que haya habido una tergiversación del mandato popular, por lo tanto para nosotros ya es un resultado definitivo. Siempre habrá dentro de la política interna gente que no lo reconozca o que lo critique, como quieran; pero ya hay un resultado y hasta ahora no hemos visto ninguna prueba objetiva que nos haga dudar de ese resultado. Lo que queremos, creo, es que hoy día lo que tiene que hacer el Gobierno venezolano, y esperemos que lo esté haciendo, es pasar la página lo más rápido posible y establecer un estilo de gobierno que permita tender un puente hacia las fuerzas políticas venezolanas que no están conformes a fin de hacer un acuerdo nacional o una hoja de ruta que permita darle estabilidad a la economía venezolana y darle mayor bienestar al pueblo venezolano. La estabilidad de Venezuela es también la estabilidad de la región.

— ¿Cree que el régimen de Venezuela está tratando a [Henrique] Capriles de forma adecuada en una democracia?

— Yo creo que lo que hay son posiciones duras por ambos lados y en tanto hay esas posiciones duras siempre habrá la polarización. Yo creo que en el caso peruano lo que he tratado es tender puentes con la oposición. No tenemos una polarización tan fuerte como en Venezuela; pero si yo la tuviera tan fuerte con la oposición, yo sería el primero en tender los puentes.

Cita en Washington

La culminación del giro en política exterior, desde las supuestas adscripciones bolivarianas iniciales a la moderación pragmática de la mayoría de naciones del continente se produjo la semana pasada cuando Humala voló a Washington para entrevistarse con Barack Obama. El presidente de EE UU afirmó que el Perú se ha convertido en uno de los socios más estables y fiables en la región. La visita supuso un respaldo claro a Humala, pero de nuevo suscitó críticas entre los sectores que ven con desconfianza las alianzas que el presidente peruano está tejiendo con los empresarios, con Estados Unidos y con amplias capas de las clases medias. Pero el Perú sigue siendo el segundo productor del mundo de coca y EE UU el primer consumidor de cocaína, y Humala necesita que la relación entre ambos países se amplíe más allá del siempre espinoso problema del combate al narcotráfico. Si buscaba un certificado cum laude al gran viraje moderador de su mandato, no cabe duda de que lo ha conseguido, le digo.

— Yo creo que era importante reforzar la relación con Estados Unidos. Me congratulo de que Washington vea en el Perú un socio estable, un socio importante en América Latina porque eso no se consigue de la noche a la mañana. No es un tema de suerte, es un tema de trabajo. Y esto qué involucra, un mayor acercamiento comercial, un mayor acercamiento cultural, con todas las ventajas que trae esto, con Estados Unidos; pero también era importante para nosotros fortalecer la relación con Estados Unidos para que también ellos asuman su responsabilidad, las responsabilidades compartidas con el Perú en la lucha contra el tráfico ilícito de drogas. Pero nosotros hemos querido hacer con la visita, armar o tener, hacer una agenda más ambiciosa. Hemos hablado de temas de educación, del tema de becas de estudio, capacitaciones, pequeñas y microempresas, porque normalmente lo tradicional de la relación del Perú con Estados Unidos es la lucha contra las drogas, eso es lo normal. Hoy día lo hemos abierto a otras áreas y esto gracias a que nos convertimos con Estados Unidos en socios, en mejores socios, y Estados Unidos nos ve como uno de los países más estables. Esa es la ventaja que nos da esto.

El poder y sus exigencias

“[Denegar el indulto al expresidente Fujimori] hace creer en el Estado”

Una madrugada a finales de octubre del año 2000 Humala y su hermano Antauro protagonizaron un pronunciamiento militar contra el presidente Fujimori, convertido desde años antes en régimen corrupto y dictatorial y hoy preso por crímenes de lesa humanidad, entre otros desmanes. Tanto Ollanta como Antauro fueron amnistiados por el Congreso. Tiempo después, Antauro protagonizó otra asonada, por la que aún sigue en la cárcel. Humala viene ahora de denegar una petición de indulto al expresidente, asunto doblemente delicado porque una parte de la política peruana mantiene en consideración al antiguo mandatario, como se puso de manifiesto en los votos cosechados por su hija Keiko en las últimas elecciones, y porque, naturalmente, quien había de conceder o denegar la gracia protagonizó un levantamiento militar contra el hoy preso, lo que acaba de trenzar de forma inextricable todas las cuestiones que subyacen al ejercicio del poder desde tiempo inmemorial: el mando, la moral, el Estado, las relaciones personales.

— Eso lo he puesto a un costado, eso no ha pesado absolutamente nada sobre mi decisión. Primero yo lo que he hecho es abstraerme como persona en lo posible para tomar una decisión lo más descarnada posible, lo más objetiva posible, pero también lo que no puedo abstraerme es de la ética y la moral.

— Usted ha manifestado que comprende el dolor de una familia cuando uno de sus miembros está en la cárcel. Pero al final en el caso de Fujimori se impuso la razón de Estado, con el agravante de que este jamás expreso arrepentimiento por los desmanes cometidos. Hay quien considera que esa decisión suya le ha costado a usted algunos puntos en las encuestas.

— Como le digo, a mí no me han elegido para ser miss Simpatía. Eso ha sido lo más irrelevante de mi decisión. Ni siquiera me he puesto a pensar en eso, porque yo estoy primero tranquilo con mi conciencia, puedo mirar a la gente tranquilo, y a mi familia la puedo mirar tranquilo, y en segundo lugar creo que he dado confianza en el Estado. Mi política también es consolidar el Estado. Hoy día dentro del tema que estábamos hablando de informalidad, hay un problema que es la gente que no respeta al Estado, no respeta a las instituciones como la presidencia de la República, el Congreso, etcétera, no se respeta; entonces no habrá institucionalidad si no creamos respeto en los poderes del Estado. Acciones de esta naturaleza hacen creer en el Estado y está por encima de encuestas, qué tiene que ver una encuesta si le ponen tanto o no, eso es lo más irrelevante. El Estado no funciona por encuestas, no funciona por la presión mediática, por la presión de los internos, la cosa se resuelve acá, no funciona sobre la base de cartas, audios, vídeos, no, no, eso es irrelevante; eso es como yo digo, para la Lima criolla y jaranera como dice el vals; pero para el jefe del Estado, eso no funciona.

— Hablando del respeto a la presidencia y a las instituciones en general, no debe ayudar tampoco a la imagen del Perú, dentro y fuera, la situación de los exmandatarios: Fujimori está en la cárcel, los expresidentes Alan García y Alejandro Toledo están siendo investigados por alegaciones de corrupción. Son asuntos de distinta gravedad, naturalmente, nada que ver con los excesos de Fujimori, aun así no debe resultar fácil.

“Los presidentes de Unasur tenemos una relación de amigos. Eso ayuda”

— En el Ejército decimos que el grado conlleva honores, pero conlleva obligaciones también. Uno no puede arrastrar el bastón de general, uno no puede arrastrar la banda presidencial. Como presidente, uno no es un ciudadano libre, porque representa al Estado. No es lo mismo una persona en la calle que puede hacer lo que quiera y si comete un delito lo meten preso. Como jefe de Estado uno representa a la nación y no puede darse el lujo de arrastrar la banda presidencial. Uno debe cuidarse en eso y, como decimos en el Perú, toco madera para que no pasen las cosas que otros pasan, a aprender en pellejo ajeno, como decimos con el refrán limeño. El primer responsable del respeto a la institución presidencial son los expresidentes y yo entiendo, porque así como es difícil ser presidente, tal vez sea más difícil ser expresidente. Ahora, lo que nosotros, lo que yo hago, es, primero, repudio cualquier tipo de persecución política. Que funcione el Estado de derecho. En el caso del expresidente Toledo creo que él tiene que aclarar las denuncias que están en su entorno o que giran en torno a él, mejor dicho, y creo que mientras más rápido lo haga va a ser mejor para él. En el caso del expresidente García, lo mismo. Si hay una investigación que se le está haciendo sobre el tema, varios temas, pero el tema delicado es el tema de los narcoindultos [narcotraficantes que salieron en libertad supuestamente tras pagar por sus indultos]; yo creo que hay que darle todo el respeto porque él ha sido expresidente, y dos veces. Pero que también tenga que explicar. Lo que no puede ser es una falta de explicación.

La conversación se acerca a su fin. En el salón dorado del palacio presidencial resuenan todavía las cifras, los planes, han sido tantas las ambiciones para el Perú que el presidente ha ido desgranando a lo largo de la charla que resulta inevitable, a modo de coda, preguntarle por la continuidad de sus proyectos cuando acabe su mandato en 2016. La posibilidad de un segundo mandato consecutivo, que se ha ido extendiendo en toda América Latina en los últimos años, no es una posibilidad en el Perú y la fragmentación política, tanto del oficialismo como de la oposición no auguran un panorama despejado o de continuismo dentro de tres años.

— Yo creo mucho en la institucionalidad en el sentido de que estos proyectos que estamos construyendo hay que compartirlos con las principales fuerzas políticas. No sabemos quién va a ser el que me suceda en 2016. Sabemos que ya hay algunos candidatos que adelantaron su campaña. Nosotros lo que creemos es que a los principales proyectos tenemos que ponerles una especie de rango de ley compartido con las fuerzas políticas para que sea respetado. Para que el que llegue siga la obra.

— ¿Ve riesgos para su obra de gobierno en 2016?

— No. No sería un riesgo porque tenemos una fuerza política [Partido Nacionalista Peruano], que es la columna vertebral de [la alianza electoral] Gana Perú. Yo creo que el partido se va a presentar al proceso y veremos la respuesta del pueblo, ¿no? Eso es importante para darle continuidad a todo… a este proyecto. Y en la trinchera que me encuentre defenderemos este proyecto.

Las preguntas formales han acabado, pero las reflexiones sobre el poder, el Gobierno, el Estado, los ciudadanos se alargan mientras recogemos las grabadoras y las luces de las cámaras están por apagarse. “Yo siento que el poder me quiere aislar de la gente”, dice Humala, y su pensamiento suena extrañamente veraz en la inmensidad del salón dorado en el que estamos, con su extraño e inquietante parecido al salón de los espejos de Versalles, seguramente la metáfora más potente en toda la historia de la lejanía entre el gobernante y los gobernados. “Me quieren poner un carro con seguridad, con chófer; nadie me toca; no huelo a la gente. Entonces yo no uso chófer, seguridad al mínimo, muchas veces salgo sin seguridad y cuando llego a un pueblo saludo a todos”.

— ¿Cree que eso ayuda a ser mejor gobernante?

— Me ayuda a mantener la sensibilidad y creo que sí, también a ser mejor gobernarte. Yo le digo, entro en un pueblo y me paso 10 minutos, 20 minutos saludando a todos, a todos los que puedo ¿no? y después subo al estrado. Hace 50 años podías invisibilizar a los pobres; hoy día no. Hoy día ellos son una fuerza y por eso ellos también deben de estar considerados en el presupuesto de la República.

Foto: PAOLO AGUILAR (EFE)

¿Punta Arenas, reclusión del alcalde de Talara?

La Asociación de Periodistas Talara (Aspeta), a través de su director Ricaldi Ramirez Ruíz, hizo pública una carta.

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Pudiera parecer una versión inverosímil -digna de una novela de Gabriel García Marquéz “100 años de soledad”- . Claro que no lo es, responde a un hecho recogido de la realidad. Se pretende que nuestros amigos lectores tomen por su intermedio directo conocimiento del caso.

Efectivamente no es un argumento de una novela, responde a la exposición de  una de las corruptelas más alarmantes de los últimos tiempos en el Perú. Señala como actor principal al alcalde de la provincia de Talara (Perú) y el agraviado al Estado Peruano. A la mencionada autoridad no se le acusa exclusivamente por el hecho que comentamos, fehacientemente una concurrencia de delitos quedan demostrados con flagrancia, gracias a la oportuna grabación de un vídeo  en donde el alcalde expone con lujos y detalles,  la comisión de arreglos, coimas, peculados y otros negociados, por obras municipales adjudicadas directamente sin licitaciones de ley.

Ante la evidencia difícilmente de poder negar, el fiscal Pedro López López, nombrado como titular de la investigación, se tomó 45 días, -tiempo en demasía- para que al fin, presionado por una población al tope de la indignación, tomara la decisión en el informe de su carpeta preparatoria, de pedir la privación efectiva de la libertad por del inculpado alcalde Rogelio Trelles Saavedra. A su turno el juez Luis Alberto Pintado Córdova, optando por una decisión benevolente, aplicó como medida preventiva el arresto domiciliario del acusado por el término de seis meses y caución de 500 mil nuevos soles.

La gran sorpresa se da al momento de fijar el domiciliario que se convertiría en la cárcel para los próximos 6 meses del reo; éste, acreditó como domicilio el condominio de Punta Arenas (zona de ingreso exclusivo y privado donde vive la plana staff de funcionarios de PetroPerú); además, la zona, está protegida con ley antiterrorismo con elevada seguridad nacional, por la existencia de equipos, infraestructura, combustibles, refinería, de la indicada empresa.

La zona desde la época de la IPCo, es resguardada con Seguridad de Estado, y el ingreso a ella es de control meticuloso. Definitivo es, que el condominio y todo lo existente es de exclusiva propiedad de PetroPerú, es decir del Estado Peruano, su prioritaria y exclusiva labor es la actividad petrolera, toda otra actividad como gestión, queda totalmente prohibida. Ingresan al área de las instalaciones como a zona residencial, exclusivamente trabajadores y funcionarios protegidos socialmente por PetroPerú.

El día 14 de abril de 2013, quedó al descubierto que en las instalaciones de Punta Arenas, se registró un hecho punible, con la seguridad que anteriormente se habrían producidos otros, determinando que el lugar se venía convirtiendo en escena de oscuros arreglos protagonizados por el indicado alcalde de Talara y, donde a pesar del escándalo a nivel nacional, PetroPerú no emitió un deslinde al respecto. Silencio, que desde todas las ópticas éticas y legales, compromete su bien ganado prestigio,

Elegido inconsultamente los anteriores del Condominio de Punta Arenas como ‘cárcel domiciliaria’ , para una autoridad seriamente investigada; esta (autoridad), traslada su búnker municipal a sus interiores fomentando una actividad no prevista dentro de la organización social -laboral de PetroPerú; así como, que la empresa se vea afectada por las críticas de ciudadanos y trabajadores que no encuentran afinidad ética entre una actividad y otra.

Resumiendo: Las instalaciones de PetroPerú Talara, por decisión del inquilino Rogelio Trelles Saavedra, está siendo señalada en el registro del Poder Judicial como una cárcel domiciliaria. Es casi la única empresa petrolera del planeta que aparece con esta curiosa como lesiva designación. Tampoco se podrá rehuir de la calificación que aquella es apañadora, protectora, mientras no se deslinde de hechos y actos ominosos de esta naturaleza. Cuando el juicio avance y se grafique nacionalmente, se mencionará en el nombre de la cárcel domiciliaria, el nombre de PetroPerú. No es muy edificante.